{"id":7848,"date":"2019-12-09T00:13:00","date_gmt":"2019-12-09T03:13:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.onnoideas.com.ar\/cliente\/?p=7848"},"modified":"2020-03-30T03:41:55","modified_gmt":"2020-03-30T06:41:55","slug":"la-reina-del-carbon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.onnoideas.com.ar\/cliente\/nacionales\/generos\/la-reina-del-carbon\/","title":{"rendered":"La reina del carb\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p> (A\u00f1o 4\/R\u00edo Turbio \/09-12-2019\/ISSN 2422-7226)  <\/p>\n\n\n\n<p> <\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En R\u00edo Turbio hay un mito que proh\u00edbe a las mujeres entrar a la mina. Las ni\u00f1as y adolescentes se preparaban s\u00f3lo para ser reinas durante la fiesta del pueblo. Pero el carb\u00f3n no anda pidiendo credenciales ni inspecciona genitales. Por eso Carla Antonella Rodr\u00edguez rompi\u00f3 el hechizo y se convirti\u00f3 en la primera minera. Erika Halvorsen, criada en esta localidad de Santa Cruz, cuenta esta peque\u00f1a victoria de una trans que ilumin\u00f3 la mina.<\/h3>\n\n\n\n<p><ins><\/ins><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Fotos: Ale Alaniz. Minero.<\/p>\n\n\n\n<p>En el R\u00edo Turbio de mi infancia ninguna so\u00f1aba con ser minera, ni jefa de la empresa.&nbsp; Pod\u00edamos llegar a so\u00f1ar con la corona de la reina del carb\u00f3n, el cetro y el bols\u00f3n de regalos con mo\u00f1os enormes: algunas \u00f3rdenes de compra en las tiendas locales, una cena en el restaurante del pueblo, alg\u00fan electrodom\u00e9stico, una noche en el mejor hotel de la zona. Si el atributo de la belleza no te alcanzaba para el premio mayor, pod\u00edas apostar a la gracia, sonre\u00edr mucho y llevarte el t\u00edtulo de Miss Simpat\u00eda. La corona era un poco m\u00e1s discreta y el bols\u00f3n de regalos bastante m\u00e1s modesto, pero algo es algo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hace ocho a\u00f1os una hendija de la madre tierra permiti\u00f3 el comienzo de un temblor que puso en crisis toda la estructura, no la de la mina carbon\u00edfera, sino del patriarcado. Carla Rodr\u00edguez se convirti\u00f3 en la primera mujer trans que se present\u00f3 para un puesto en la mina y lo consigui\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s so\u00f1amos con eso un 4 de diciembre, el d\u00eda de la patrona de los mineros. En el recuerdo de mi infancia el pueblo se despertaba de un sobresalto: el sonido de las bombas de estruendo. Los mineros iniciaban su procesi\u00f3n con la virgen de Santa B\u00e1rbara y las mujeres ten\u00edamos permitido ingresar en el interior de la mina de carb\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese \u00fanico d\u00eda est\u00e1bamos protegidas bajo el manto de la virgen y no \u00e9ramos capaces de provocar un derrumbe. Gracias a la patrona de los mineros la tierra no temblaba ante nuestra presencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda R\u00edo Turbio estaba de fiesta y celebraba con un asado comunitario, un picnic popular donde los jefes de la empresa se mezclaban con los obreros del carb\u00f3n. El olor a humo y a asado embriagaba el pueblo que desde temprano comenzaba su caminata hacia el bosque de lengas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Durante todo el a\u00f1o pens\u00e1bamos qu\u00e9 nos \u00edbamos a poner para la gran noche de gala: baile y elecci\u00f3n de la reina. Las peluqueras no daban abasto, el gimnasio municipal se llenaba de lentejuelas y de olor a ese spray que sujetaba el brushing de las se\u00f1oras. Perfumes que nunca ol\u00edamos durante el a\u00f1o. Todo el brillo junto en una sola noche. El patio del club deportivo se montaba por completo. Letras de papel plateado, guirnaldas, los aros de b\u00e1squet forrados de dorado como si fueran bijouterie. El simulacro ten\u00eda algo de hechizo, de carnaval, de fiesta drag. El pueblo se permit\u00eda cierto desborde aunque sea esa noche. Las chicas m\u00e1s lindas compet\u00edan por el trono. Como las calles del pueblo eran de ripio y las veredas de barro nunca us\u00e1bamos tacos altos, y eso complicaba el desfile. Las chicas practicaban varias semanas para no hacer papelones en la pasarela improvisada entre flores de papel crepe y lucecitas de colores. Esa noche se maquillaban como nunca. La que era lacia, aparec\u00eda con rulos; la de rulos, se somet\u00eda a la planchita. Desfilaban en traje de ba\u00f1o, blancas, con la piel de gallina por el fr\u00edo, bracito en jarra y purpurina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ser la Reina del Carb\u00f3n no era un detalle. Las adolescentes desfilaban nerviosas pero ilusionadas: los regalos para la reina siempre eran el mot\u00edn m\u00e1s deseado. Cuentan que una vez la soberana gan\u00f3 un viaje a Jap\u00f3n. Fue M\u00f3nica, mi maestra de segundo grado. Qued\u00f3 en la historia como la \u201creina que se fue a Jap\u00f3n\u201d. M\u00f3nica ten\u00eda diecis\u00e9is o diecisiete a\u00f1os y se llev\u00f3 el premio mayor: viaj\u00f3 desde R\u00edo Gallegos a Jap\u00f3n en el barco carbonero que cruzaba el oc\u00e9ano llevando la explotaci\u00f3n minera de nuestro yacimiento. Ese fue el mayor lujo al que pudo aspirar una de nuestras reinas.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche las mujeres del pueblo \u00e9ramos protagonistas, pero al otro d\u00eda se terminaba el hechizo y volv\u00edamos a ser lo que \u00e9ramos: una amenaza de derrumbe. La superstici\u00f3n dice que la madre tierra se pone furiosa de los celos si una mujer entra en la mina, y el estallido de la tierra siempre es fatal. El mito popular fue construido sobre los cimientos de la figura de la tercera en discordia. La mina es una mujer que se abre para recibir a los varones: ellos la excavan, la perforan y la saquean. Pero si otra mujer aparece en escena podr\u00eda provocar el peor desenlace. Sin leyes laborales que avalen la teor\u00eda, esta restricci\u00f3n se mantuvo como un blindaje. Las mujeres jam\u00e1s pudimos postularnos para puestos de trabajo en el interior de la mina, esos puestos siempre fueron los m\u00e1s codiciados ya que el salario es mayor que el de las tareas de superficie.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que lleg\u00f3 Carla Rodr\u00edguez.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda veinte a\u00f1os cuando se present\u00f3 a una convocatoria para trabajos en la empresa YCRT (yacimientos carbon\u00edferos de R\u00edo Turbio). Ella ya hab\u00eda hecho su transici\u00f3n. Carlita ya hab\u00eda pasado por muchas de las batallas que pasa una infancia trans y una adolescencia trans, sobre todo en un pueblo del interior donde estos casos no pasan desapercibidos. Dej\u00f3 el colegio cuando ya no pudo soportar m\u00e1s violencia y en su cuerpo ya no cab\u00edan las heridas. La echaron de su hogar una y otra vez. Limpi\u00f3 casas, trabaj\u00f3 en una peluquer\u00eda. Entrar en la empresa pod\u00eda ser el pasaporte hacia una mejor calidad de vida, o mejor dicho, la oportunidad que le salvar\u00eda la vida. Porque si hay algo que puede cambiarle el destino a una mujer trans es tener un trabajo en blanco, cargas sociales y jubilaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Carlita llevaba el DNI con nombre masculino cuando se present\u00f3 en la empresa. At\u00f3 su pelo largo y negro en un rodete, se puso una bombacha de campo y fue a cara lavada. As\u00ed se sum\u00f3 a la fila de aspirantes, todos varones. Un empleado de la empresa empez\u00f3 a separarlos en dos categor\u00edas: interior y superficie. Y a Carlita le toc\u00f3 interior. Como una falla en la matrix o como el acto m\u00e1s grande de justicia po\u00e9tica. Carlita fue seleccionada para capacitarse y conseguir un puesto en el interior de la mina. Y all\u00ed fue, con su deseo, su fortaleza, su piel curtida y sus estrategias para esquivar ataques y burlas. Claudia Rodr\u00edguez, la poeta chilena, dice que ser travesti es ser valiente. Carlita se puso el casco de minera y carg\u00f3 con su arma m\u00e1s letal: la memoria. Esa memoria de la intimidad secreta de los varones que las travestis atesoran. Siempre obligadas a callar, a hacerse invisibles de d\u00eda, pero estar dispuesta a todo por las noches.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Si yo hablo te arruino la familia a vos, a vos y a vos tambi\u00e9n \u2013 les dijo Carlita a sus compa\u00f1eros.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ese pacto de silencio fue su escudo frente a los primeros adversarios. Poco a poco los compa\u00f1eros la integraron, la ayudaron, le ense\u00f1aron los trucos del trabajo y hasta la cuidaron. Carlita se convirti\u00f3 en la mujer infiltrada, la mujer que demostraba cada d\u00eda, o cada noche \u2013 porque bajo tierra siempre es de noche- que ese trabajo le pertenec\u00eda. La oscuridad de la caverna de pronto se llenaba de luz. Para Carlita cada jornada de trabajo era un abrazo y una revoluci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Carlita aprendi\u00f3 el oficio, se enamor\u00f3 de esta nueva forma de la noche. Como una superhero\u00edna se enfundaba en su mameluco, se abrochaba las protecciones, se calzaba el casco y encend\u00eda su linterna. Pero la victoria no era completa: Carlita firmaba un recibo de sueldo bajo un nombre que no la representaba. En los papeles Carlita era var\u00f3n y ella se hab\u00eda resignado a convivir con esa burocracia absurda. Carlita tem\u00eda que ejercer su derecho a la identidad de g\u00e9nero le costara su trabajo. Tuvo compa\u00f1eros como Diego Sebasti\u00e1n Velarde y Regina Inojosa que la ayudaron y la asesoraron. Carlita entendi\u00f3 que luchar por tener su nombre en su DNI era un gesto pol\u00edtico y necesario. Ella ten\u00eda la misi\u00f3n de hacer de su logro una victoria compartida. Y as\u00ed Carlita logr\u00f3 estampar su nombre completo en sus documentos: Carla Antonella Rodr\u00edguez. Pero con su identidad femenina lleg\u00f3 el traslado a superficie.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Si sos mujer no pod\u00e9s hacer este trabajo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de a\u00f1os de ejercicio le asignaron el trabajo administrativo pero no pod\u00edan cambiar su categor\u00eda, su carga horaria, ni su salario. El castigo por llevar nombre femenino era someterla a las tareas de oficina, vestirse de secretaria, ordenar papeles, poner sellos. Carlita estaba triste. Ella amaba su trabajo en la cueva, era una hero\u00edna subterr\u00e1nea.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sus compa\u00f1eros la extra\u00f1aban y se organizaron para pedir que volviera. Ellos eran testigos de su potencia, de su capacidad. Carlita era buena trabajando, y el carb\u00f3n no anda pidiendo credenciales ni inspecciona genitales.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de meses de lucha, Carlita recuper\u00f3 su puesto. Ning\u00fan gerente quer\u00eda hacerse responsable de semejante acto discriminatorio. No hab\u00eda hombre dispuesto a imprimir su firma en un memor\u00e1ndum que dejara sin trabajo a esta mujer. En ning\u00fan lado dice que las mujeres tienen prohibido el acceso a los trabajos en interior de mina, y como lo que no est\u00e1 prohibido est\u00e1 permitido, Carlita volvi\u00f3 con la luz de su casco m\u00e1s luminosa que nunca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy lleva ocho a\u00f1os como minera, la primera de R\u00edo Turbio. Carlita entr\u00f3 sin necesitar el manto protector de la virgen de Santa B\u00e1rbara. A Carlita la protegen el manto de Lohana Berkins, de Diana Sacay\u00e1n, de nuestra Marcela Chocobar (asesinada en R\u00edo Gallegos y de la que s\u00f3lo apareci\u00f3 su cr\u00e1neo y una bota bucanera blanca), de todas las travestis que murieron luchando por el cupo laboral, por la ley de identidad de g\u00e9nero, reclamando justicia a gritos frente a cada crimen de odio. Esas deidades poderosas, mariposas invencibles. La memoria trans sudaca puede hacer que la tierra tiemble. Carlita fue la elegida para mezclarse con el barro, el carb\u00f3n y la piedra. Carlita baj\u00f3 a las profundidades y, como experta guerrera de la oscuridad, sabe que el carb\u00f3n no brilla, arde. As\u00ed la tierra no se enfureci\u00f3 de celos, deton\u00f3 el derrumbe m\u00e1s potente: se carg\u00f3 de la furia travesti y se desgarr\u00f3 pariendo una nueva vida para todas las mujeres de mi pueblo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando una leyenda popular se vuelve argumento en contra de nuestra libertad, cuando la superstici\u00f3n nos niega puestos de trabajo, lo m\u00ednimo que nos queda es sospechar. A las mujeres ning\u00fan derecho se nos dio naturalmente, menos a las travestis. Carlita quebr\u00f3 prejuicios y derrib\u00f3 la valla que prohib\u00eda el ingreso. Fue ella la que cambi\u00f3 el brillo de la corona de strass por la l\u00e1mpara de su casco y reescribi\u00f3 la historia de mi pueblo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Carlita es la verdadera soberana de mineros y mineras, ella ser\u00e1 para siempre nuestra \u00fanica reina del carb\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: REVISTA ANFIBIA<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(A\u00f1o 4\/R\u00edo Turbio \/09-12-2019\/ISSN 2422-7226) En R\u00edo Turbio hay un mito que proh\u00edbe a las mujeres entrar a la mina. Las ni\u00f1as y adolescentes se preparaban s\u00f3lo para ser reinas durante la fiesta del pueblo. Pero el carb\u00f3n no anda pidiendo credenciales ni inspecciona genitales. 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