{"id":7829,"date":"2019-11-25T00:10:00","date_gmt":"2019-11-25T03:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.onnoideas.com.ar\/cliente\/?p=7829"},"modified":"2020-03-30T03:42:05","modified_gmt":"2020-03-30T06:42:05","slug":"aunque-muchos-la-nieguen-la-desigualdad-de-genero-se-puede-medir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.onnoideas.com.ar\/cliente\/nacionales\/generos\/aunque-muchos-la-nieguen-la-desigualdad-de-genero-se-puede-medir\/","title":{"rendered":"Aunque muchos la nieguen, la desigualdad de g\u00e9nero se puede medir"},"content":{"rendered":"\n<p>  (A\u00f1o 4\/ Santa Cruz\/25-11-2019\/ ISSN 2422-7226)   <\/p>\n\n\n\n<p> <em>Las mujeres sufren m\u00e1s el desempleo que los hombres. Si tienen trabajo es en peores condiciones. Para cambiar esto, visibilizar es el primer paso.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p> Por&nbsp;Natsumi Shokida&nbsp;&#8211;&nbsp;@NatsuSh<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando los indicadores econ\u00f3micos se desagregan por g\u00e9nero, las desventajas de mujeres y disidencias en el mercado de trabajo son evidentes. Los estereotipos de g\u00e9nero, que asocian lo femenino con el cuidado, producen una segunda jornada laboral para quienes se ocupan de tareas dom\u00e9sticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta no hace mucho se cre\u00eda que la violencia de g\u00e9nero se trataba de situaciones particulares y privadas que ten\u00edan lugar en el interior de los hogares como resultado de alguna relaci\u00f3n conflictiva. Hoy sabemos que es s\u00f3lo una parte y producto de una estructura social desigual, conclusi\u00f3n que puede resumirse en la frase \u00ablo personal es pol\u00edtico\u00bb. Desde hace d\u00e9cadas, la econom\u00eda feminista se\u00f1ala que el an\u00e1lisis econ\u00f3mico tampoco se termina en la puerta de las casas. Que as\u00ed como la idea de masculinidad ligada a la fuerza y la falta de emociones genera varones agresivos, nuestra noci\u00f3n de producci\u00f3n y consumo reducidas \u00fanicamente a lo que sucede en \u00ablos mercados\u00bb, genera invisibilizaci\u00f3n y subestimaci\u00f3n de los aportes econ\u00f3micos que realizan mujeres y disidencias. \u00bfPero c\u00f3mo se relacionan los estereotipos de g\u00e9nero con lo que ocurre en el mercado de trabajo, las tareas del hogar, nuestros ingresos y la violencia de g\u00e9nero?<br><\/p>\n\n\n\n<p>Para determinar cu\u00e1les son los efectos de estas ideas sobre lo que varones y mujeres deben ser podemos empezar por mirar nuestras estad\u00edsticas oficiales sobre el mercado de trabajo. El Indec se\u00f1ala que seis de cada diez varones adultos trabaja, mientras que s\u00f3lo lo hacen cuatro de cada diez mujeres. Adem\u00e1s la desocupaci\u00f3n es un fen\u00f3meno que afecta mayormente a las personas j\u00f3venes y en especial si son mujeres: su tasa de desocupaci\u00f3n (23,1%) es cuatro veces mayor que la de los varones adultos (5,6 por ciento).<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, entre quienes tienen un trabajo asalariado encontramos que m\u00e1s del 30% lo hace en condiciones informales, n\u00famero que llega al 38% cuando se trata de asalariadas mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Lamentablemente, s\u00f3lo podemos referirnos a mujeres y varones, ya que el Estado no ha publicado informaci\u00f3n actualizada sobre la poblaci\u00f3n trans-travesti, a pesar de las continuas denuncias de dicho colectivo acerca de la vulneraci\u00f3n de derechos y precarizaci\u00f3n de la calidad de vida que enfrentan.&lt; De techos y estereotipos<\/p>\n\n\n\n<p>Los denominados \u00abestereotipos de g\u00e9nero\u00bb tambi\u00e9n aparecen como expresi\u00f3n de la desigualdad. S\u00f3lo tres de cada diez jefes o directores son mujeres, y bajo la met\u00e1fora del \u00abtecho de cristal\u00bb se ilustran estas barreras cada vez m\u00e1s visibles que alejan a las mujeres de los cargos de mayor jerarqu\u00eda. A su vez, mientras que el rol de los varones aparece asociado a lo p\u00fablico y a ser \u00abproveedor\u00bb de la familia, el de las mujeres aparece relegado a lo privado y a las tareas dom\u00e9sticas. Aunque desde hace d\u00e9cadas las mujeres han ingresado masivamente al mercado de trabajo, all\u00ed tambi\u00e9n lo hacen bajo estos mandatos: las ramas relacionadas al cuidado y la reproducci\u00f3n, como Servicio dom\u00e9stico, Salud o Educaci\u00f3n, se encuentran feminizadas.<\/p>\n\n\n\n<p>De hecho, una de cada seis ocupadas trabaja en el servicio dom\u00e9stico, la rama con mayor tasa de informalidad laboral y los salarios m\u00e1s bajos de toda la econom\u00eda. Aunque caracter\u00edsticas t\u00edpicamente asociadas a lo masculino, como la fuerza o la falta de aversi\u00f3n al peligro, ya no son un requisito para muchos trabajos que se han automatizado, parecer\u00eda que sigue habiendo \u00abtrabajos de varones\u00bb y \u00abtrabajos de mujeres\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta diferenciaci\u00f3n no remite \u00fanicamente a aspectos simb\u00f3licos o culturales, sino que son bien materiales y se reflejan en nuestros bolsillos. Si comparamos los ingresos que provienen del mercado de trabajo, las mujeres ganan un 27% menos que los varones. Adem\u00e1s, la brecha se amplifica al 36% cuando miramos a aquella porci\u00f3n que posee condiciones informales de empleo.<\/p>\n\n\n\n<p>Usualmente nos encontramos con argumentos que de alguna manera intentan justificar estas diferencias. Una afirmaci\u00f3n muy com\u00fan consiste en pensar que como las mujeres participamos menos en el mercado de trabajo y que, cuando lo hacemos, trabajamos menos horas, entonces tiene sentido que tengamos menores ingresos. Pero si bien las brechas se reducen significativamente cuando comparamos los ingresos por hora, lo que debemos hacer es preguntarnos qu\u00e9 pasa con el resto del tiempo de las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>No se escapa mucho de la intuici\u00f3n este rastreo: el 75% del trabajo no remunerado en nuestro pa\u00eds lo hacen las mujeres. Durante las horas que no dedican al mercado, las mujeres est\u00e1n en las casas haciendo tareas dom\u00e9sticas, en el transporte p\u00fablico llevando a les ni\u00f1es a la escuela, en casa de un adulto mayor de la familia que requiere de cuidados, entre tantos otros espacios. Estos trabajos constituyen una precondici\u00f3n para que exista aquella otra jornada laboral que s\u00ed es remunerada.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, si pensamos en la repartici\u00f3n del total de ingresos, encontramos que los estratos de menores ingresos se encuentran feminizados, y aquellos de mayores ingresos se encuentran masculinizados. Sin embargo, esto no se ve reflejado en indicadores que tienen en cuenta los ingresos agregados por hogar, como por ejemplo el c\u00e1lculo oficial de la pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera se invisibiliza un factor clave de la desigualdad que es la de la falta de autonom\u00eda econ\u00f3mica de las mujeres y que repercute en otros tipos de violencia: aquellas que son violentadas puertas adentro del hogar, muchas veces temen o se ven imposibilitadas de realizar una denuncia por no contar con los recursos econ\u00f3micos para independizarse.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, partiendo de preguntas que se entienden inmediatamente como \u00abecon\u00f3micas\u00bb, arribamos a respuestas y nuevas preguntas que exceden este enfoque y que remiten tambi\u00e9n a rasgos pol\u00edticos, culturales, sociales, psicol\u00f3gicos, legales. Mientras que tener un diagn\u00f3stico claro sobre la situaci\u00f3n respecto de la desigualdad de g\u00e9nero es clave para poder discutir y encontrar caminos para su soluci\u00f3n, la econom\u00eda feminista nos brinda aportes muy importantes que deber\u00e1n ser complementados y entrelazados con una perspectiva de g\u00e9nero en todas las disciplinas del conocimiento, porque al fin y al cabo la realidad es mucho m\u00e1s compleja que los recortes que construimos a la hora de reconocerla. \u00ab<\/p>\n\n\n\n<p>www.tiempoar.com.ar<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(A\u00f1o 4\/ Santa Cruz\/25-11-2019\/ ISSN 2422-7226) Las mujeres sufren m\u00e1s el desempleo que los hombres. Si tienen trabajo es en peores condiciones. Para cambiar esto, visibilizar es el primer paso. 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