Año 5 / Edición XXVII / Caleta Olivia / 15-08-2020 / ISSN 2422-7226

Por: Runachay Fauna

Especial Aves: ¿a quiénes protegemos cuando hablamos de cuidar nuestros océanos?

Todos creemos saber que los dinosaurios se han extinguido hace millones de años, pero la verdad es que no es así. Las aves son representantes actuales de los famosos dinosaurios que alguna vez reinaron en la Tierra. Este gran grupo de animales apareció hace unos 160 millones de años y en todo ese tiempo se ha adaptado a casi todos los ambientes existentes, incluso uno de los más hostiles, el mar. Las aves marinas pueden encontrarse tanto en las costas como en mar adentro y así como difieren sus ambientes, también lo hacen diversas de sus características. Aquellas especies costeras son las que pasan gran parte de su vida en tierra firme, mientras que las especies pelágicas viven casi enteramente en alta mar, sólo retornando a tierra para reproducirse.

En Argentina, la plataforma continental se caracteriza por ser una de las áreas oceánicas más extensas y productivas del mundo. Más de 50 especies de aves, con una distribución muy diversa, utilizan de manera permanente o estacional la plataforma continental argentina como área de alimentación. Además, en las costas del litoral marítimo argentino se reproducen aproximadamente 17 especies de aves marinas, incluyendo pingüinos, cormoranes, petreles, gaviotines, gaviotas y escúas.

Cormorán Imperial (Leucocarbo atriceps) – Foto: Samuel Blanc

Las aves marinas constituyen un grupo de gran relevancia ecológica por su distribución geográfica, su diversidad y su biomasa. Estas aves son altamente dependientes del ambiente marino y presentan varias características de su biología que las hacen vulnerables a las actividades humanas. Los problemas de conservación que enfrentan son variados y abarcan tanto aspectos relacionados con su estadía en tierra (principalmente durante la reproducción) como aquellos afines a su permanencia en el mar, donde pasan la mayor parte del tiempo (principalmente las especies pelágicas). Entre las actividades humanas que pueden afectar a las poblaciones de aves marinas se encuentran: las pesquerías; la contaminación, generada principalmente por industrias y ciudades costeras; los disturbios humanos mediante visitas no planificadas a las áreas de cría y descanso; y la introducción de especies exóticas.

Es particularmente preocupante la situación de los albatros y petreles, no sólo en Argentina sino también en el mundo. El modo de alimentación de estas aves las hace vulnerables a la captura incidental en redes de pesca o colisiones con cables u otras partes de los buques pesqueros. El grupo Procellariiformes, al cual pertenecen los albatros y petreles, presentan la mayor proporción de especies en riesgo de extinción a escala global y se calcula que unos 300.000 individuos de estas aves marinas mueren por año en los mares del mundo. De las 21 especies de albatros del mundo, 19 están amenazadas, y es probable que muchas de ellas desaparezcan pronto si no se soluciona el problema. Para educar sobre los petreles y su crisis de conservación, el 19 de junio del presente año se celebró el primer Día Mundial de los Albatros.

Por estas razones, nuestro país suscribió al Acuerdo de Conservación de Albatros y Petreles en 2005, lo cual nos compromete a cumplir con las normas necesarias para garantizar la supervivencia de estas aves en el Atlántico Sudoccidental. A raíz de dicho acuerdo, en 2010 fue aprobado por el Consejo Federal Pesquero el Plan Nacional de Acción para reducir la interacción de aves con pesquerías. Además, fundaciones como Aves Argentinas y Vida Silvestre se encuentran trabajando con especialistas internacionales, gobiernos y la industria pesquera para reducir la mortalidad incidental de albatros y petreles en pesquerías de arrastre en el Mar Argentino.

Alimentación de aves marinas predadoras

Entre los miembros del grupo de aves marinas, existen diferentes tipos de dietas y formas de alimentación. Particularmente, las especies predadoras pueden detectar las agregaciones de presas de diferentes maneras. Las señales visuales generalmente están asociadas a la presencia de predadores en superficie (por ejemplo, otras aves) o de predadores subsuperficiales (por ejemplo, peces, focas, lobos marinos, ballenas e incluso pingüinos). Particularmente, los pingüinos concentran las presas cerca de la superficie donde, a su vez, pueden ser alcanzadas por predadores superficiales o con habilidades de buceo restringidas. En las últimas décadas, el olfato en aves marinas (y particularmente en Procellariiformes – albatros y petreles) ha sido resaltado como un sentido importante utilizado para la localización del alimento. Cuando el zooplancton, como el krill antártico, se alimenta de fitoplancton, compuestos aromáticos son liberados al mar y, por ende, a la atmósfera. Los albatros y petreles pueden detectar estos compuestos, que son utilizados como señal remota de la presencia de parches con abundante alimento. Esto es llamativo porque una generalidad de todas las aves es que carecen de un buen sentido del olfato, salvo pocas excepciones.

Diversidad de aves marinas

Pingüino Patagónico (Spheniscus magellanicus) – Foto: Guglielmo Celata
Albatros Errante Austral (Diomedea exulans) – Foto: JJ Harrison
Ave Fragata (Fregata magnificens) – Foto: Andrew Turner
Rayador (Rynchops niger) – Foto: Charles J Sharp

La diversidad de aves marinas en nuestro país, como habrán notado, es muy grande. Estas especies cumplen roles ecológicos clave en los ecosistemas que habitan, brindando así servicios ecosistémicos importantes para el ser humano, como pueden ser: controladores naturales de especies plaga, eliminadores naturales de focos infecciosos, además de constituir una fuente importante en la industria creciente del avistaje de aves o “birdwatching”, actividad que se está desarrollando como una forma de turismo alternativo en muchas partes del mundo. Por todo esto, conservar las especies de aves marinas y los ambientes que habitan, es esencial para pensar en un futuro sostenible.

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